
Ya van dos, dos tilas, y estos que no paran, lo intentas, pero no lo consigues, te repites a ti mismo mil y una veces que va a salir todo bien, que no harás el ridículo, que nadie se va a reír de ti. Intentas asegurarte de que alguna persona se sentirá orgulloso de tu gran trabajo, un amigo, un padre, el vecino…, pero ellos, los malditos, los que te hacen sentir ganas de ir al baño, y los que nunca te ayudan en nada, sí, ellos, los que la gente suele llamar los nervios.
Ya has acabado, por fin, pero te acuerdas de que no los vuelves a aliviar hasta que vuelves a terminar y para eso tienes que empezar.

